miércoles, 6 de junio de 2012

CULTURA DE PAZ Y SALUD MENTAL


SALUD MENTAL
La cultura de la paz consiste en una serie de valores, actitudes y comportamientos que rechazan la violencia y previenen los conflictos tratando de atacar sus causas para solucionar los problemas mediante el diálogo y la negociación entre las personas, los grupos y las naciones, teniendo en cuenta un punto muy importante que son los derechos humanos, así mismo respetándolos y teniéndolos en cuenta en esos tratados. Esta fue definida por resolución de la ONU.
En este documento titulado Declaración y Programa de Acción sobre una Cultura de Paz, la Asamblea General hace alusión y énfasis en la Carta de las Naciones Unidas, a la Constitución de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, a la Declaración Universal de los Derechos Humanos y reconoce que "la paz no es solo la ausencia de conflictos".
En dicho documento se hace llamamiento a todos (individuos, grupos, asociaciones, comunidades educativas, empresas e instituciones) a llevar a su actividad cotidiana un compromiso consistente basado en el respeto por todas las vidas, el rechazo a la violencia, la generosidad, el entendimiento, la preservación ambiental y la solidaridad.

Ámbitos de Acción
1.   Promover una cultura de paz por medio de la educación.
2.   Promover el desarrollo económico y social sostenible.
3.   Promover el respeto de todos los derechos humanos.
4.   Garantizar la igualdad entre mujeres y hombres.
5.   Promover la participación democrática.
6.   Promover la comprensión, la tolerancia y la solidaridad.
7.   Apoyar la comunicación participativa y la libre circulación de información y conocimientos.
8.   Promover la paz y la seguridad internacionales para una mejor claridad.

Parámetros de la cultura de paz

Rechazar la Violencia

Practicar la No violencia activa y rechazar la violencia física, sexual, psicológica, económica, social y en todos sus aspectos, en particular a los más débiles, como son los niños y adolescentes.

Liberar la Generosidad

Compartir el tiempo y los recursos materiales para terminar con la exclusión, la injusticia y la opresión política y económica.

Escuchar para Comprender

Defender la Libertad de Expresión y la "Diversidad Cultural", privilegiar el "diálogo" sin ceder al fanatismo y al rechazo.

Preservar el Planeta

Promover un consumo responsable y tener en cuenta la importancia de la vida y el equilibrio de los recursos naturales del Planeta.

Reinventar la Solidaridad

Contribuir al desarrollo propiciando la participación de las mujeres y los principios democráticos.

RESOLUCION DE LA CULTURA DE PAZ DE LA ONU
Decenio Internacional de una cultura de paz y no violencia para los niños del mundo, 2001-2010.

Teniendo en cuenta la iniciativa “Manifiesto 2000” de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, que promueve una cultura de paz y, hasta la fecha, ha recibido más de setenta y cinco millones de firmas de apoyo de todo el mundo,

Tomando nota con reconocimiento del informe del Director General de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura sobre la aplicación de la resolución 59/143,

Tomando nota del Documento Final de la Cumbre Mundial 2005 aprobado en la Reunión Plenaria de Alto Nivel de la Asamblea General,

1. Reitera que el objetivo del Decenio Internacional de una cultura de paz y no violencia para los niños del mundo, 2001-2010 es fortalecer aún más el movimiento mundial en pro de una cultura de paz tras la celebración del Año Internacional de la Cultura de la Paz en 2000;

2. Invita a los Estados Miembros a que sigan haciendo cada vez más hincapié en sus actividades de promoción de una cultura de paz y no violencia en los planos nacional, regional e internacional, y a que las amplíen, en particular durante el Decenio, así como a que aseguren que se promueva la paz y la no violencia a todos los niveles;

3. Encomía a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura por reconocer la promoción de una cultura de paz como expresión de su mandato fundamental, y la alienta a que, en cuanto organismo coordinador de las actividades del Decenio, siga fortaleciendo las actividades que ha emprendido para promover una cultura de paz, incluida la difusión de la Declaración1 y el Programa de Acción2 sobre una Cultura de Paz y de material conexo en diversos idiomas en todo el mundo;

4. Encomía también a los organismos competentes de las Naciones Unidas, sobre todo al Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, al Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer y a la Universidad para la Paz, por sus actividades encaminadas a seguir promoviendo una cultura de paz y no violencia, incluida la promoción de la educación para la paz y las actividades relacionadas con los distintos ámbitos señalados en el Programa de Acción sobre una Cultura de Paz, y los alienta a que prosigan esas actividades y las fortalezcan y amplíen aún más;

5. Alienta a las autoridades competentes a que en las escuelas impartan una educación que incluya el fomento de la comprensión mutua, la tolerancia, la formación cívica, los derechos humanos y la promoción de una cultura de paz;

6. Encomía a la sociedad civil, incluidas las organizaciones no gubernamentales y las personas jóvenes, por las actividades que han llevado a cabo para promover una cultura de paz y no violencia, por ejemplo con su campaña para fomentar la conciencia sobre una cultura de paz, y toma nota de los progresos logrados por más de setecientas organizaciones en más de cien países;

7. Alienta a la sociedad civil, incluidas las organizaciones no gubernamentales, a que continúen fortaleciendo sus actividades para promover los objetivos del Decenio, entre otros medios aprobando un programa de actividades propio que complemente las iniciativas de los Estados Miembros, las organizaciones del sistema de las Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales y regionales;

8. Alienta también a los medios de comunicación a que participen en la educación para una cultura de paz y no violencia, prestando especial atención a los niños y los jóvenes, incluso mediante la ampliación prevista de la Red de Noticias para una Cultura de Paz que la convierta en una red mundial de sitios en la Internet en muchos idiomas;

9. Acoge con satisfacción las iniciativas emprendidas por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura para mantener el mecanismo de comunicación y establecimiento de contactos creado durante el Año Internacional a fin de que la información sobre los acontecimientos relativos a la celebración del Decenio se actualice instantáneamente;

10. Invita a los Estados Miembros a que observen el Día Internacional de la Paz el 21 de septiembre de cada año como un día de cesación del fuego y de no violencia a nivel mundial, de conformidad con lo dispuesto en su resolución 55/282, de 7 de septiembre de 2001;

11. Invita también a los Estados Miembros y a la sociedad civil, incluidas las organizaciones no gubernamentales, a que sigan proporcionando al Secretario General información sobre la celebración del Decenio y sobre las actividades realizadas para promover una cultura de paz y no violencia;

12. Agradece la participación de Estados Miembros en la jornada de sesiones plenarias para analizar los progresos logrados en la aplicación de la Declaración y el Programa de Acción sobre una Cultura de Paz así como en la celebración del Decenio hasta mediados de éste8;

13. Pide al Secretario General que estudie la posibilidad de mejorar los mecanismos de aplicación de la Declaración y el Programa de Acción sobre una Cultura de Paz;

14. Pide al Secretario General que le presente, en su sexagésimo primer período de sesiones, un informe sobre la aplicación de la presente resolución;

15. Decide incluir en el programa provisional de su sexagésimo primer período de sesiones el tema titulado “Cultura de paz”.


SALUD MENTAL

Salud mental o "estado mental" es la manera como se reconoce, en términos generales, el estado de equilibrio entre una persona y su entorno socio-cultural lo que garantiza su participación laboral, intelectual y de relaciones para alcanzar un bienestar y calidad de vida.
Se dice "salud mental" como analogía de lo que se conoce como "salud o estado físico", pero en lo referente a la salud mental indudablemente existen dimensiones más complejas que el funcionamiento orgánico y físico del individuo. La salud mental ha sido definida de múltiples formas por estudiosos de diferentes culturas. Los conceptos de salud mental incluyen el bienestar subjetivo, la autonomía y potencial emocional, entre otros.
Sin embargo, las precisiones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) establecen que no existe una definición "oficial" sobre lo que es salud mental y que cualquier definición al respecto estará siempre influenciada por diferencias culturales, asunciones subjetivas, disputas entre teorías profesionales y demás. Manera también, como las personas relacionan su entorno con la realidad.
En cambio, un punto en común en el cual coinciden los expertos es que "salud mental" y "enfermedades mentales" no son dos conceptos opuestos, es decir, la ausencia de un reconocido desorden mental no indica necesariamente que se tenga salud mental y, al revés, sufrir un determinado trastorno mental no es óbice para disfrutar de una salud mental razonablemente buena.
La observación del comportamiento de una persona en sus vida diaria es la principal manera de conocer el estado de su salud mental en aspectos como el manejo de sus temores y capacidades, sus competencias y responsabilidades, la manutención de sus propias necesidades, las maneras en las que afronta sus propias tensiones, sus relaciones interpersonales y la manera en que dirige una vida independiente.
Además el comportamiento que tiene una persona frente a situaciones difíciles y la superación de momentos traumáticos permiten establecer una tipología acerca de su nivel de salud mental.

Condiciones de salud mental

Aunque la salud mental no necesariamente se debe relacionar con las condiciones de salud física cuya diferencia se menciona arriba, es necesario tener una idea de las mismas como el cuadro clínico que debe prevenirse en lo que a salud mental se refiere.

Psicopatología

El consenso científico acerca de las condiciones de la salud mental contempla desórdenes neurobiológicos y muy particularmente neuroquímicos. Otras funciones del cerebro identificadas como contribuyentes a las condiciones de la salud mental incluyen el reloj circadiano, la neuroplasticidad, el canal iónico, la transducción de señal, la cognición, las redes cerebrales, entre muchos otros. Imágenes del cerebro demuestran cambios físicos en la neuroanatomía de desordenes como la esquizofrenia,  el autismo y los llamados desordenes bipolares. Los estudios incluyen también la observación de factores ambientales, del desarrollo y el nivel de relaciones interpersonales del individuo.
Otras formas de estados "psicológicos no-sanos" (psicopatología), como se contempla desde la psicología, pueden relacionarse con procesos mentales (cognición) o aprendizaje y no necesariamente con categorías psiquiátricas.

Aceptación social

La aceptación social de personas que padecen condiciones de salud mental ha probado ser la mejor ayuda y también la mejor prevención de desórdenes mentales. Desgraciadamente las personas con condiciones de salud mental son en muchos países víctimas de discriminación incluso por parte de su propio núcleo familiar, no son aceptadas con facilidad en el mundo laboral, en el estudio y en la comunidad. La falta de un conocimiento acerca de lo que significa un problema de condición mental es otro factor que incide en el mismo fenómeno de marginalización. La prevalencia de serios problemas en las condiciones de salud mental en la juventud es doble que en el general de la población sumado a que forma el grupo que menos busca ayuda en este sentido. Los jóvenes tienen un alto potencial de minimizar futuras deshabilidades si la aceptación social es amplia y reciben la ayuda precisa y los servicios oportunos.
La recuperación se da ante todo dentro del ámbito de la aceptación social. La discriminación y el estigma hacen más difícil el proceso de recuperación para personas con enfermedades mentales en lo que se refiere a conservar su empleo, obtener un seguro de salud y encontrar un tratamiento.

MARCO CONCEPTUAL INTEGRAL DE SALUD MENTAL

Históricamente las tendencias de conceptualización en este campo han ido evolucionando desde la noción de locura o enfermedad psiquiátrica hacia la de salud mental, lo cual ha supuesto un cambio en la perspectiva de la acción, los medios, estrategias y políticas.
Así el movimiento de la psiquiatría fue cambiando desde una práctica de asilo y asistencia de los enfermos hacia planteamientos más modernos y humanitarios que propugnan la «despsiquiatrización» y «desmanicomialización» de los servicios. Este cambio ha puesto énfasis en la prevención de la enfermedad y sus secuelas, y en la promoción de estilos de vida y comportamientos de salud, considerando las estrategias de autocuidado individual y de participación activa de la comunidad y la sociedad en su conjunto.
En la postmodernidad, el quehacer en salud mental lo constituye no sólo la población que presenta morbilidad psiquiátrica, sino fundamentalmente la que se denomina población sana. Se amplía la comprensión de la salud mental integrando aspectos biológicos, psicosociales, y culturales. En consecuencia, los trabajadores en este campo asumen la necesidad del abordaje interdisciplinario, multisectorial, comunitario e integral para atender al ser humano afirmando y fortaleciendo los procesos necesarios para lograr un auténtico desarrollo económico y social sostenible.

APORTES DE LA PSIQUIATRÍA Y OTRAS DISCIPLINAS A LA CONCEPTUALIZACIÓN DE SALUD MENTAL EN EL PERÚ

La salud mental es un concepto difícil de delimitar. Las múltiples tentativas hechas para precisar su contenido y límites han conducido siempre a resultados discutibles.
La psiquiatría peruana ha recorrido una evolución conceptual conducida por especialistas cuyo renombre internacional reside en la labor pionera y la lucidez que volcaron en el quehacer de la psiquiatría dentro de nuestro país, marcado por su pobreza estructural, económica, cultural, asistencial y científica.
En las primeras décadas del siglo XX hasta los años sesenta el quehacer en salud mental fue influido por el Psicoanálisis y el Humanismo haciendo variar tanto la concepción del enfermo y sus cuidados como la función y roles de los médicos y profesionales afines. El enfermo era visto como persona concreta, como unidad compleja, dinámica, armónica, histórica y psicofísica, cuya adaptación era la expresión psicológica de la función del cerebro y del acomodamiento en equilibrio dinámico activo a las condiciones sociales actuales.

Es así como, desde sus inicios, la psiquiatría se inclinó por un concepto integral del ser humano y su conducta asumiendo su unidad bio-psico-social.
El reconocimiento de los aspectos psicológicos y sociales en la comprensión de las patologías y sus tratamientos constituirán los fundamentos teóricos de las políticas que se basan en la integralidad de la salud y que reconocen la actuación integrada y dinámica de los ejes biológicos, psicológicos y sociales. Las investigaciones ponen de relieve las influencias sociales y culturales, marcando un hito en la denominada Psiquiatría Comunitaria desde fines de los años sesenta. Las patologías halladas tales como: alta incidencia de ansiedad, síntomas depresivos, tendencias hipocondríacas, inadecuación y agresividad, fueron relacionadas a variables sociales y culturales de condicionamiento, estableciéndose así la relación entre las condiciones de vida y la salud mental. Aunque esta perspectiva no explicita una definición de salud mental y se orienta hacia la morbilidad psiquiátrica, comprende su naturaleza social y cultural expresada en las vicisitudes del diario vivir. La influencia de la Psiquiatría Social y Comunitaria modifica la conceptualización sobre salud mental.

Así, se la considera como cultura asimilada en el contexto socio-familiar que conduce a la persona a un particular estilo cognoscitivo de interpretar la realidad y enfrentar la vida, y a generar conductas individuales y colectivas vinculadas al desarrollo y a la productividad. Además, se plantea la correspondencia entre salud mental y derechos humanos, fundamentándose que siendo la salud un derecho humano universal, la salud mental deviene por esencia en un resultado del ejercicio de dicho derecho.

Desde fines de los años setenta se ha planteado que la salud mental es una problemática de Salud Pública que exige una visión interdisciplinaria y multisectorial por parte del Estado. Aparece en forma explícita la preocupación por la prevención y la promoción de la salud mental con el fin de reducir la carga económica de las enfermedades, prevenir su incidencia y elevar el nivel de salud mental y desarrollo espiritual de las personas.

Podríamos decir que el tema de la prevención y la promoción de la salud mental se hallaba, en sus inicios representada en las propuestas de Valdizán sobre la necesidad de que los médicos conocieran, practicaran y respetaran la psicología médica, la higiene mental y la medicina popular.

Desde otro lado, la psicología y otras disciplinas afines han venido trabajando y reflexionando sobre la salud mental en nuestro país desde fines del siglo XIX. Muchas de estas experiencias, aunque abordando aspectos vinculados a la salud mental, no fueron conceptualizados de esta manera; sin embargo aportaron al proceso en su conjunto desarrollando nuevos alcances sobre conceptos, metodologías y propuestas de intervención.

Los aportes mundiales en psicología, respecto a las características del desarrollo infantil y adolescente, constituyeron también importantes elementos para la promoción de la salud mental así como para la definición de pautas de crianza favorables al desarrollo de capacidades como autonomía, autoestima e identidad, en el contexto de una familia saludable.
En el ámbito científico internacional observamos también una búsqueda de conceptos integradores de salud mental, como la proporcionada por la Organización Mundial de la Salud que la define no sólo como ausencia de enfermedad sino como un estado de bienestar físico, mental y social.
En Canadá, el Comité de Salud Mental de Québec (Canadá, 1989) plantea que «...es el estado de equilibrio psíquico de la persona en un momento dado; que con la ayuda de los siguientes elementos se aprecia en: el nivel de bienestar subjetivo, el ejercicio de las capacidades mentales y la calidad de las relaciones con el medio ambiente. Esta resulta de la interacción de tres tipos de factores: biológicos, relacionados a las características genéticas y fisiológicas de la persona; psicológicos, que incluyen aspectos cognitivos, afectivos y relacionales; y, factores contextuales, que abarcan las relaciones entre la persona y su medio ambiente.

Estos factores están en evolución constante y se integran de una manera dinámica en la persona. La salud mental está relacionada con los valores propios de cada persona. Ella está influenciada por factores múltiples e interdependientes tales como las condiciones económicas, sociales, culturales, ambientales y políticas. Toda condición que daña la adaptación recíproca entre la persona y su medio, como por ejemplo, la pobreza, la contaminación y la discriminación constituyen un obstáculo para la salud mental. De manera inversa, toda condición que facilita esta adaptación recíproca, como por ejemplo la distribución equitativa de la riqueza colectiva, el acceso a una educación de calidad o a un ambiente sano, favorece y mantiene la salud mental. En esta perspectiva la salud mental puede ser considerada como un recurso colectivo al que contribuyen tanto las instituciones sociales y la comunidad entera, como las personas individualmente consideradas».

En el informe «Salud Mental en el Mundo» se plantea que la salud mental está relacionada con las fuerzas sociales a través de la economía familiar y comunitaria, el ambiente y los recursos con los cuales cuenta la persona; por eso, la pobreza y el estancamiento económico, el hambre, la desnutrición, el hacinamiento urbano, la explotación sexual, el desempleo, las condiciones inadecuadas de trabajo, entre otros, pueden menoscabar la salud mental. En tal sentido, la salud mental es también una cuestión de bienestar económico y político.
Posteriormente, la Organización Panamericana de la Salud (Washington, 2001) sostiene y desarrolla su enfoque de integralidad, definiendo que la salud mental es «el núcleo de un desarrollo equilibrado de toda la vida, que desempeña una función importante en las relaciones interpersonales, la vida familiar y la integración social. Es un factor clave para la inclusión social y plena participación en la comunidad y en la economía. En realidad, la salud mental es mucho más que la mera ausencia de enfermedades mentales, es una parte indivisible de la salud y la base del bienestar y el funcionamiento eficaz de las personas. Se refiere a la capacidad de adaptarse al cambio, hacer frente a la crisis, establecer relaciones satisfactorias con otros miembros de la comunidad y encontrar un sentido a la vida».

Finalmente, en el contexto latinoamericano se han adoptado definiciones que también hacen hincapié en la visión integral de la salud. Aída de Rivera  identifica salud mental con equilibrio y afirma que «es la expresión de un conjunto de factores protectores de naturaleza biológica, psíquica y social. El desequilibrio se expresa en enfermedad mental».
Para ella, «el ser humano sano es el que goza de un estado de armonía física, psíquica y social y posee la capacidad de adaptarse a las variaciones del ambiente natural y social, de tal forma que pueda contribuir al bienestar individual, familiar y social de acuerdo con sus capacidades». Agrega que: «Salud mental implica la integridad de las funciones psíquicas superiores, en especial la conciencia.
Conciencia de sí mismo, de autovaloración y autocrítica, de autorrealización, de intra y cosmovisión, de autonomía como ente individual y social, conciencia de sí y de la realidad, en función del devenir».
Se le considera como una condición del desarrollo humano sostenible.
El recorrido conceptual expuesto nos muestra la importancia de las condiciones psicosociales dentro de las cuales se desarrolla la vida humana y nos conduce a considerar el escenario social que delimita las posibilidades del desarrollo humano y por ende, de su salud mental. Revisemos algunas características de la realidad de nuestro país en dicho aspecto antes de considerar cualquier definición posible y de proponer lineamientos de política, para que se ajusten convenientemente a nuestra realidad.

Características de la realidad peruana que afectan la salud mental

El Perú está considerado dentro de los países pobres del mundo compartiendo con ellos un conjunto de características económicas, sociales y culturales que actúan en contra del desarrollo integral y de la salud mental, influyendo sobre la cotidianeidad, la capacidad de ajuste y afronte a las crisis, el acceso a los servicios de salud y la calidad y eficiencia de los mismos.
Así, el principal reto que la salud mental enfrenta como obstáculo es la pobreza que en el país alcanza cerca del 54% de la población, con un 21.7% de pobreza extrema, constituyendo la fuente de brechas en el acceso a servicios y entre ámbitos rural y urbano, que separa de manera ostensible a pobres y ricos. Se encuentra asociada al desempleo, subempleo, desnutrición, carencias educativas, desprotección social y jurídica, déficit sanitarios y de salud entre otros. Desde el punto de vista de la organización política y social, podemos señalar que las condiciones de inequidad mencionadas, generan dos fenómenos de gran implicancia para la salud mental: exclusión social y anomia.

Exclusión social para grandes sectores de la población respecto a los servicios de salud, educación, trabajo y derechos ciudadanos; lo cual se hace más crítico cuando consideramos las necesidades de inclusión y de cuidado a los enfermos mentales en particular y a todos los niños y niñas, jóvenes, mujeres y adultos mayores que forman parte de la llamada población sana y que requieren cobertura en salud mental. Puede decirse que la exclusión constituye el telón de fondo de lo que algunos analistas identifican como las «desigualdades en recursos y necesidades de salud entre las mujeres y los hombres».

Encontramos también exclusión de las diferentes etnias, expresada en diferencias en el acceso a los servicios e información sobre la salud mental, en la falta de sensibilización de las políticas y acciones de salud respecto a las características culturales que le son propias.
Otro aspecto de la exclusión son las desigualdades en el tratamiento de los grupos de edad, especialmente la marginación que sufren las niñas, niños y adolescentes. Por ejemplo, de los tres millones y medio de adolescentes que viven en el país, dos millones 500 mil están en la escuela pública, medio millón ni siquiera asiste, padeciendo pobreza y exclusión muy temprana, de modo que únicamente son alrededor de 500 mil los adolescentes que no son pobres y reciben una buena educación.
La exclusión aparece entonces en las diferencias entre grupos sociales, entre sexos, etnias y generaciones, así como entre lo rural y lo urbano, configurando el espectro de la inequidad que amenaza también el panorama nacional en materia de salud mental.

Siendo el Perú un país con alto índice de subempleo, desempleo y jornadas laborales largas que impiden en muchos casos la vida familiar y el establecimiento, mantenimiento y reforzamiento de redes de soporte social y de otro lado, siendo un país que presenta índices significativos de consumo de alcohol, drogas, depresión y violencia, podemos visualizar, aplicando los conceptos de Harnois y Gabriel, la trascendencia que tiene el trabajo sobre la salud mental de los y las peruanos/as, puesto que entre estas dos variables existe una interacción fuertemente dinámica, de enorme gravitación en el destino de las personas, sus familias y comunidades.

La anomia es el segundo fenómeno que queremos resaltar, producido en una población que ha sido afectada por el terrorismo y la pérdida de sus instituciones democráticas en un período de dos décadas. Representa la destrucción del código de normas y valores éticos que requiere toda sociedad para regularse y protegerse del Tánatos o instinto de muerte, que en el ámbito del imaginario colectivo amenaza la existencia humana. La anomia lesiona las posibilidades de desarrollo del ser humano y de las instituciones u organizaciones comunitarias a las cuales afecta, resquebrajando silenciosamente la sociedad y comprometiendo seriamente sus posibilidades de un desarrollo social y humano sostenible.

En conclusión, no es sólo la pobreza sino la exclusión social y la anomia, las que afectan el desarrollo humano, la calidad de las relaciones entre las personas, el autocuidado de la salud, el ejercicio de la solidaridad en la práctica comunitaria, la formación profesional de los recursos humanos, la cultura de la salud, la calidad de los servicios, la puesta en marcha de proyectos de asistencia local y descentralizada; en fin de lo que podríamos considerar los derechos de la persona humana en la sociedad peruana.

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